lunes, 4 de marzo de 2013

Be my shelter and i'll be your storm

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En tu oscuridad me busco y dejo un rastro de estrellas.
Brillan las palabras ocultas tras los dientes, iluminan tu rostro cansado.

Todo cuanto podría decirse me abraza como una noche cálida,
me tiene enfilada hacia tu puerta, voy callándome el temor.

Sólo abro los brazos y tú ya estás cayendo en este páramo
sin preguntarte apenas por las rutas, por los pasos.

A cambio me vuelvo eléctrica, visceral en la tormenta de tus dedos,
contigo olvido el suelo que se abre siempre en mil cuestiones,
pierdo las llaves del paraíso ajeno.

Cientos de trenes nos pasan por los ojos, atraviesan el silencio.
Reímos en este pequeño refugio que nos salva
de una soledad húmeda en las calles, salvaje si nos descubre.

La perpetuidad hace sus planes sin implicarnos nunca,
fuera de nosotros se derramará el mañana, cerraremos juntos esa puerta.
Para siempre, para siempre.

Sueña el hombre con la carne entre los dientes,
yo te tengo escrito en mis paredes, sólo expongo el corazón entre las líneas,
recuerda: sólo busco protegerme.




viernes, 22 de febrero de 2013

Todo propio.


Baja la atmósfera y mancha los tejados de pensamientos.
Hay un intruso en cada uno de nosotros aullando frente a las paredes.
Camino sumergida buscando profundidades, corro por calles azules:
estoy dejando ese rastro de números secos, cifras sin dueño ni orden.
Me rompo en aves,  soy de gritos blancos contra un muro. Todo propio.
Oh, no calumnies mis aguas ni mi pequeña partícula de sueño:
era el párpado del cielo cerrándose mi sombra,  pero ahora lo comprendo.
Era la edad un cerco y  todos somos presas sin su  monstruo, sin fauces abiertas.
Volvía a casa como se vuelve a un fracaso, envejecía deprisa en boca de otros.
Nada me alejaba tanto de mí misma y nada fui más allá de los umbrales.
Se vacía la ciudad de todo este océano de distancias y cuchillos.
Busco la profundidad palabra  adentro, entre mis rodillas frías,
en el silencio de la noche sin un nombre distrayéndome.
¡Ah, las luces tenues del corazón que está sólo, sólo en su alegría!











viernes, 1 de febrero de 2013

La chica está sola.



Peina la tarde con sus dedos mutilados.

El deseo es un artilugio violeta con siete velocidades

y distintos modos de vibración. Tal cual se posee entera.

La chica está sola y por eso,

se enfunda en encajes, toca el frío cuero del poema,

baja a medias la persiana. Tiene los ojos de un pájaro angustiado.

Está sola en los incendios, en las grandes avenidas,

sola frente a la copa de más, alquitranada por dentro.

La chica sueña sus verbos imperativos

mientras la noche irrumpe en el suelo de madera.

Y con violencia, estrella los teléfonos. La esperanza.

La chica vive en la frontera

y sube su falda mientras todos confiesan.

Besa el plástico de las horas compartidas: nada arde entonces.

El sexo es un preámbulo en sí mismo. La advertencia.

La chica mira el rótulo de neón,

la estatua de bronce empalada, las sogas clavándose en la carne

y entonces, obscenamente, comprende:

el amor cruje bajo unos pies ensangrentados

y ella introduce a un extraño en su cuerpo.

La chica está sola,

por eso los bandoneones le suenan horribles

y se vuelve humo y seda deshonrándose, envileciéndose,

bajándose las medias mientras late impasible

el único secreto entre sus piernas.

 
 

martes, 22 de enero de 2013

Baila con el diablo.


De repente ha pisado todas las flores.  Él,  frenético,
destrozando aquel jardín esférico, levantando laberintos.

La sangre llena  lentamente  los vasos de la victoria:
sólo brindo por nuestro espejismo.

Las palabras forman un ovillo negro y viscoso
que infecta poco a poco cada día en otros labios.

En las  sombras,  él es más puta que cualquiera,
pero a veces viene en carne viva a descifrarse
y yo me quedo quieta en su delirio.

Nada me recuerda ya al amor, excepto aquel silencio;
nada escrito sobre piedra,  nada se proyecta en mi destino.

Baila para mí sobre las flores muertas,
baila con el diablo, yo me sostengo.
Devuélveme los ojos con los que te he perdido,
preludio de lluvia, instrumento de guerra.

Sé que parte cada noche hacia otras líneas
y yo sigo en la ranura de mi puerta,  espío mi dolor.

Él es el animal que merodea por la casa, el hombre que juega.
Él violará más corazones mientras  fumo y hablo
y  hablo amando y amo fumando.

De repente lo he entendido y por eso nombraré  la herida:
tajo minúsculo mis ojos contra los tuyos,
miles de millones de quizás de los que no
                                                                                      sabremos
                                                                                                                           nunca.





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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Sé el viento.

“La vida ordinaria no me interesa. Sólo busco los momentos altos.
Estoy de acuerdo con los surrealistas en la búsqueda de lo maravilloso”.
Anaïs Nin

Esa exclusividad con la que encerramos la ocasión
no es más que piedra sobre piedra,  voz privada de su canto.

No quiero sus vestidos ni sus muebles, no quiero esa vida perfecta,
no firmaría más cláusulas que las propias,
no volvería nunca al mismo lugar.

Los saldos de la vida, esos alivios sucios que nos damos
o el amor que se figura como el único  camino,
son la fiebre del que sueña, infeliz, con parecerse al resto.

Busca los momentos altos, dijeron en la noche.

Explora el cuerpo en su delirio, templo sin más dogma que la carne.
Abre el laberinto en que te pierdes, tú,  ingobernable,
para verte en la belleza de lo efímero.

No quiero pactos, sé indisciplinadamente tuya
porque sólo así frenarás ese desierto al que te llevan.

No te parezcas a esa bruma:  sé el viento.

Escucha entonces como cae el principio y su oscuro espejo,
sal de los cristales, visita los infiernos, sáltate las normas.

 Busca los momentos altos, dijeron desnudándote.
El resto es la ficción del mundo, ley inquebrantable,
oscuro esperpento de ti  misma.   















martes, 4 de diciembre de 2012

Transformación

"Acuérdate del día en que un poema
te liberó del mundo y sus engaños..."
María Sanz

 

 
Extraña suerte, signos tras las espaldas hablan de mí.

Decir crucial accidenta la historia. Aunque siempre trascendemos.

De una manera o de otra acabamos en los atajos del corazón.

Vive la superviviente entre perspectivas, mira a ambos lados siempre negándose a morir.

Ay de nuestras edades donde enterramos los tesoros, donde nos fuimos conociendo!

Ese círculo nos abraza, esos finales siempre son los mismos.

Sólo los nombres cambian en la vorágine.

Somos la maleabilidad en el caos.

Yo, toda transformación, cambio los rumbos por instinto.

No entro a los templos, no diviso los códigos. A veces no creo en nada y eso me salva.

Apenas en mí misma, barro humilde en el que otros meten sus manos.

Toda la oscuridad se concentra en el segundo en que asimilas las pérdidas,

pero brillo ante las puertas, veo los motivos, me desnudo ante el dolor.

Todo es prescindible excepto esta belleza que sólo yo entiendo.

Todo es soledad hasta el día que dejas de mentirte.






sábado, 1 de diciembre de 2012


Olvidando mentimos. Chico, tú eras fácil.

Me pregunto por las calles, nuestro laberíntico centro

que no es de nadie y es de todos, ese foco de alegría.

Las esquinas se llenan con magreos de otros,

los puentes sostienen pasos desnudos.

Recuerdo mi vestido negro, tu mirada mortal.

A donde has ido, no lo sé. Poco importa de repente.

Me gustaba el azul oscuro en tu balcón,

las vidas ajenas, todas las mujeres que ponías en tu boca.

En la mía todo era humo. Tus riñas. Tus ruinas.

La rara coincidencia de confluir en la noche,

mano a mano sin cursilería, reales como escalofríos.

Yo era toda corceles, chico. Todo cuanto quisieras.

Y te has ido al silencio. Entonces me mientes,

cuando la única verdad era mi risa desbocada sobre tu cuerpo,

mi celebración contínua en tu abrazo breve,

la percepción de un dolor suave que tiembla oculto.

Oficiaba el placer, eso era todo. Dejé de preguntarme el resto.

Ahora comprendo tu cálculo: la latitud es el antídoto,

te contienes por si acaso, vives en los márgenes.

Olvidar es la calumnia, chico.

Pero es también el único alivio.