jueves, 4 de abril de 2013

Por el miedo

 
 
"Sé del miedo cuando digo mi nombre".
A. Pizarnik

 

Por el miedo agarro amigos y hablo quedamente

de las desventuras grises de mi vida. Rocíamos juntos la desidia.

Por el miedo me río ante la mano tendida que convierto en garra

y arrugo la frente que me besan los de menos confianza.

Por el miedo pego un trago con mis sombras y bajo las persianas

cada primavera, ensuciando así mi oculta verdad.

Por él reparto los fragmentos mínimos,

y expongo las palabras justas, por él me visto deprisa

y salgo a la calle como quién se mete en un circo.

Por el miedo estoy dejándome mitades, inventando las costumbres.

Por el miedo nunca me he salvado de mí misma

y voy con mi peso de lirios, con mis tratados de oscuridad

a lugares donde nunca nadie reclamó coraje.

Por el miedo me hice un nudo horrible

en los brazos gélidos, petrificados, que no me asían.

Por él descuelgo los teléfonos y le abro cremalleras a la noche,

nunca miro en los buzones, nunca arruino mis dolores,

no me doy la vuelta por si acaso,

no convengo en la armonía.

Por el miedo respiran mis poemas y me vuelvo algo visible,

por él puedes nombrarme suavemente,

por el miedo me entrelazo a mis demonios,

por el miedo estas rendijas estrechándome,

este vómito de tiempo.




 

 

sábado, 30 de marzo de 2013


 

 
 

La ambigua luz del amanecer sobre los párpados:

voy después del sueño a construirme buques de papel

y la fragilidad allí, en tus palabras, me hará cambiar de dirección.

Metido en tu escafandra nombras los abismos

en los que apenas puedo respirar.

Pero ya no importa tanto esta apariencia de futuro,

ni tan siquiera cuando te miro desde el barro.

Despertaré otra vez cubierta de musgo,

nacerán las sílabas como flores salvajes, reconoceré mi causa

y tú podrás salir sin miedo de cada cuerpo, de cada error.

Éramos una tarde abriéndose de cuajo como una herida,

no hubo apenas besos, no odiamos los silencios,

a nada nos parecimos tanto como a la ruina.

Sin embargo nos llamábamos amor.



domingo, 24 de marzo de 2013


Parten del poema nuestras partículas,

vibran en el aire enrarecido de la ciudad

ya más que acostumbradas al vértigo y al desorden.


Tú, estás frente a mi y me miras desnudo.


Me miras sudando unos sueños oscuros y tétricos

pero sonries y el mundo se vuelca en nuestro vaso a medias,

me hablas de la canción número doce y sabes

que mi casa entera es un poema que grita los domingos.


Yo y mis maletas a ninguna parte.


Tú despidiéndote en los barcos.

Nuestra encrucijada constante y absoluta

en la que nos encontramos a golpe de soledad,

nuestra feria de oportunidades, nuestra apuesta incomprensible.



Nuestra tierra hecha de Septiembres.


Sólo tú puedes perdonarme y sólo yo tengo derecho

a tu tristeza de neón verde, sólo yo veo a Jim en tu mirada

y sólo tú podrás perdonarme tanta palabra manchada de nicotina.


Es nuestra parcela gris sin tiempo,

nuestra alarma a la hora exacta de la huida,

somos nosotros contra todo lo que nombramos una vez

y aún así hay salida.


Amor, vociferamos en la literatura.

De otra manera estaríamos muertos, posiblemente juntos.


A nada nos parecemos desde que nos amamos

y eso reescribe la historia en la que nos vimos inmersos,

adictos, sedientos de lo que ahora tenemos.


Del poema parte nuestro polvo

y sólo entonces seremos el cuerpo.


 

lunes, 4 de marzo de 2013

Be my shelter and i'll be your storm

.
En tu oscuridad me busco y dejo un rastro de estrellas.
Brillan las palabras ocultas tras los dientes, iluminan tu rostro cansado.

Todo cuanto podría decirse me abraza como una noche cálida,
me tiene enfilada hacia tu puerta, voy callándome el temor.

Sólo abro los brazos y tú ya estás cayendo en este páramo
sin preguntarte apenas por las rutas, por los pasos.

A cambio me vuelvo eléctrica, visceral en la tormenta de tus dedos,
contigo olvido el suelo que se abre siempre en mil cuestiones,
pierdo las llaves del paraíso ajeno.

Cientos de trenes nos pasan por los ojos, atraviesan el silencio.
Reímos en este pequeño refugio que nos salva
de una soledad húmeda en las calles, salvaje si nos descubre.

La perpetuidad hace sus planes sin implicarnos nunca,
fuera de nosotros se derramará el mañana, cerraremos juntos esa puerta.
Para siempre, para siempre.

Sueña el hombre con la carne entre los dientes,
yo te tengo escrito en mis paredes, sólo expongo el corazón entre las líneas,
recuerda: sólo busco protegerme.




viernes, 22 de febrero de 2013

Todo propio.


Baja la atmósfera y mancha los tejados de pensamientos.
Hay un intruso en cada uno de nosotros aullando frente a las paredes.
Camino sumergida buscando profundidades, corro por calles azules:
estoy dejando ese rastro de números secos, cifras sin dueño ni orden.
Me rompo en aves,  soy de gritos blancos contra un muro. Todo propio.
Oh, no calumnies mis aguas ni mi pequeña partícula de sueño:
era el párpado del cielo cerrándose mi sombra,  pero ahora lo comprendo.
Era la edad un cerco y  todos somos presas sin su  monstruo, sin fauces abiertas.
Volvía a casa como se vuelve a un fracaso, envejecía deprisa en boca de otros.
Nada me alejaba tanto de mí misma y nada fui más allá de los umbrales.
Se vacía la ciudad de todo este océano de distancias y cuchillos.
Busco la profundidad palabra  adentro, entre mis rodillas frías,
en el silencio de la noche sin un nombre distrayéndome.
¡Ah, las luces tenues del corazón que está sólo, sólo en su alegría!











viernes, 1 de febrero de 2013

La chica está sola.



Peina la tarde con sus dedos mutilados.

El deseo es un artilugio violeta con siete velocidades

y distintos modos de vibración. Tal cual se posee entera.

La chica está sola y por eso,

se enfunda en encajes, toca el frío cuero del poema,

baja a medias la persiana. Tiene los ojos de un pájaro angustiado.

Está sola en los incendios, en las grandes avenidas,

sola frente a la copa de más, alquitranada por dentro.

La chica sueña sus verbos imperativos

mientras la noche irrumpe en el suelo de madera.

Y con violencia, estrella los teléfonos. La esperanza.

La chica vive en la frontera

y sube su falda mientras todos confiesan.

Besa el plástico de las horas compartidas: nada arde entonces.

El sexo es un preámbulo en sí mismo. La advertencia.

La chica mira el rótulo de neón,

la estatua de bronce empalada, las sogas clavándose en la carne

y entonces, obscenamente, comprende:

el amor cruje bajo unos pies ensangrentados

y ella introduce a un extraño en su cuerpo.

La chica está sola,

por eso los bandoneones le suenan horribles

y se vuelve humo y seda deshonrándose, envileciéndose,

bajándose las medias mientras late impasible

el único secreto entre sus piernas.

 
 

martes, 22 de enero de 2013

Baila con el diablo.


De repente ha pisado todas las flores.  Él,  frenético,
destrozando aquel jardín esférico, levantando laberintos.

La sangre llena  lentamente  los vasos de la victoria:
sólo brindo por nuestro espejismo.

Las palabras forman un ovillo negro y viscoso
que infecta poco a poco cada día en otros labios.

En las  sombras,  él es más puta que cualquiera,
pero a veces viene en carne viva a descifrarse
y yo me quedo quieta en su delirio.

Nada me recuerda ya al amor, excepto aquel silencio;
nada escrito sobre piedra,  nada se proyecta en mi destino.

Baila para mí sobre las flores muertas,
baila con el diablo, yo me sostengo.
Devuélveme los ojos con los que te he perdido,
preludio de lluvia, instrumento de guerra.

Sé que parte cada noche hacia otras líneas
y yo sigo en la ranura de mi puerta,  espío mi dolor.

Él es el animal que merodea por la casa, el hombre que juega.
Él violará más corazones mientras  fumo y hablo
y  hablo amando y amo fumando.

De repente lo he entendido y por eso nombraré  la herida:
tajo minúsculo mis ojos contra los tuyos,
miles de millones de quizás de los que no
                                                                                      sabremos
                                                                                                                           nunca.





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