miércoles, 12 de junio de 2013

Segundas personas

Los timbres pasan hambre hora tras hora.


Lo advierto: es el rumor del caos acercándose.


Todo se llena de nombres propios  y ajenos,


todo emana un olor viejo,  todo parece un escondite. 


En la soledad hay ojos que te observan,


reclamándote la noche y su acertijo,


hay un animal tendido cerca


que lame sus heridas muy despacio. 


Viene el mar a las habitaciones rotas,


va llegando el futuro pestilente, lleno de llagas,

nada se puede hacer:


En el dolor hierve la ciudad entera,


con sus vacíos inconmensurables,


sus segundas personas.

miércoles, 5 de junio de 2013

Sin ánimo de ofender.




Bien, brevedad y alegría en el camino incierto que me aleja

de burdas ofrendas que yerran en su sino.

¡Pero qué mentira brilla en esos labios que se sirven de la selva,

de ese enredo hábil de palabras calculadas!

Me ponen los corazones sobre la mesa, así: medio vendidos.

Oh, y todos hablan del pasado, amasijo de hierro y porquería

donde esconden la vergüenza de no haber sido ellos mismos.

Procuran una hechicería rara, viajeros en la piel que busca puerto,

más todo vale y todo es dado, hasta la risa de vérmelo venir

atravesando el mundo.

Llegar tarde a las mirillas por las que vemos los despojos,

destruir las posiciones en las que estábamos seguros.

No pondré la mano, puedo ser el disimulo,

rosas negras sobre el pecho envanecido.

Sigue hablándome del viento aquella voz hipócrita

y estoy tan lejos de ese sueño que brillo en mi propia alegoría,

siguen cayendo los deseos y las casas

que tan sólo reciben ya el pretexto.

¿A qué me cuentan tal majadería entre jardines bocabajo

si yo sólo quería escaparme un rato, sólo un rato de esta infamia?

Déjame de amor en las esquinas donde paran los relojes:

no he venido para hablar de las heridas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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martes, 14 de mayo de 2013

Oscura estrella

 
 
Sobre los hombros la madrugada se desquicia en sus minutos
llenos de caballos negros que sudan el nombre prohibido.
Sangra el ruido, el murmullo que me afila.
Con los ojos pervertidos me mira la distancia de las cosas,
pero aqui en mi oscura estrella sólo le abro a tus mordiscos.
Están tan cerca como ese pálpito de vida
que se asoma por tu piel a medias y eso me eleva,
me lleva en brazos la extraña ternura que enterré sin percibirla.
Entre tus dientes está la carne impropia, este miedo a todo.
Si se me llevan tus aves azules no podré soportarlo,
y por eso estoy lamiéndote a través de un cristal frío como la noche.
La noche en que abrimos los cuerpos y soltamos la espuma,
la breve noche en el corazón de una ciudad angosta y cínica.
Bajo mis pies clama el infierno que ofreces tú
a través de tu aguja brillante,
 
de tu rara ingravidez.
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Es cosa mía.


 

 

“Si alguien tiene un destino, entonces es un hombre.

Si a alguien se le impone un destino, entonces es una mujer”.

Elfriede Jelinek

 

Acribillada por los versos afilados del ausente,

me abrí en la herida del futuro.

Siempre contra la pared buscando flores en sus grietas

y tuvieron que venir a decirme que tendría miedo, hambre, peces muertos en las manos.

Debí tener los ojos vacíos y la boca llena de quinceañeras,

debí ser la pureza y la ingravidez, posiblemente una estatua en un jardín sin nadie.

¡Pobre de mí que beso con candados y abrazo con fusiles

y ruego que no me dejen sola, que no me dejen sola en esta multitud!

Esta es la concordancia que esperaban los obtusos,

ellos, que tienen su destino entre las manos.

A mí me viene impuesta la elección tantas veces que desvirtúo mis deseos,

transito por un camino que nunca construí y desconozco el rumbo:

soy esa pesada carga, soy el peso del cielo.

Pero de vez en cuando miro a través de los ojos del pájaro

y algo grita en mí, me atrevo con todo, prendo fuego a mis papeles.

Puedo ser yo misma en el dolor de no ser nadie,

puedo decidir equivocarme, besar esa pared, elegir la soledad como destino.

Y si muero, es cosa mía.

Deben ser mis manos las que escriban esta historia,

este verso oscuro que es la vida.








domingo, 21 de abril de 2013

Los finales

 
Madrugadas eléctricas entre las sienes.
Bajo de mis tacones, del altar detestable de las apariencias.
 
Observo mis agallas y mis contornos, mi superficialidad frente al espejo.
Alguien come de mi boca un pedazo de la noche sin reinas,
alguien detesta conmigo la eternidad maquillada, y yo,
y yo froto el petróleo en mis párpados,
dejo este veneno sobre unos labios alquilados.
 
Vamos a descerrajarnos juntos, me dijo,
pero abrimos flores nuevas sin saberlo.
 
Ya desprendida de los hierros del mañana
pude verme adulterando las palabras que pedía.
 
Ah, este refugio diminuto, este porvenir intacto...
 
El poema es el cadaver que te dejo.
 
Las cenizas del crepúsculo sobrevuelan la ternura,
queda el saldo del amor sobre las sábanas súcias
y un rostro que no conozco, que no percibo
me dice que soy la misma en los finales.
 
Repetidamente somos carne abandonada, un lecho vacío.
 
Voy dejándome la culpa entonces en tus manos,
yo, siniestramente hablando de ataúdes
donde no respires por si acaso.
 
 
 

jueves, 4 de abril de 2013

Por el miedo

 
 
"Sé del miedo cuando digo mi nombre".
A. Pizarnik

 

Por el miedo agarro amigos y hablo quedamente

de las desventuras grises de mi vida. Rocíamos juntos la desidia.

Por el miedo me río ante la mano tendida que convierto en garra

y arrugo la frente que me besan los de menos confianza.

Por el miedo pego un trago con mis sombras y bajo las persianas

cada primavera, ensuciando así mi oculta verdad.

Por él reparto los fragmentos mínimos,

y expongo las palabras justas, por él me visto deprisa

y salgo a la calle como quién se mete en un circo.

Por el miedo estoy dejándome mitades, inventando las costumbres.

Por el miedo nunca me he salvado de mí misma

y voy con mi peso de lirios, con mis tratados de oscuridad

a lugares donde nunca nadie reclamó coraje.

Por el miedo me hice un nudo horrible

en los brazos gélidos, petrificados, que no me asían.

Por él descuelgo los teléfonos y le abro cremalleras a la noche,

nunca miro en los buzones, nunca arruino mis dolores,

no me doy la vuelta por si acaso,

no convengo en la armonía.

Por el miedo respiran mis poemas y me vuelvo algo visible,

por él puedes nombrarme suavemente,

por el miedo me entrelazo a mis demonios,

por el miedo estas rendijas estrechándome,

este vómito de tiempo.




 

 

sábado, 30 de marzo de 2013


 

 
 

La ambigua luz del amanecer sobre los párpados:

voy después del sueño a construirme buques de papel

y la fragilidad allí, en tus palabras, me hará cambiar de dirección.

Metido en tu escafandra nombras los abismos

en los que apenas puedo respirar.

Pero ya no importa tanto esta apariencia de futuro,

ni tan siquiera cuando te miro desde el barro.

Despertaré otra vez cubierta de musgo,

nacerán las sílabas como flores salvajes, reconoceré mi causa

y tú podrás salir sin miedo de cada cuerpo, de cada error.

Éramos una tarde abriéndose de cuajo como una herida,

no hubo apenas besos, no odiamos los silencios,

a nada nos parecimos tanto como a la ruina.

Sin embargo nos llamábamos amor.