viernes, 12 de febrero de 2016

Otra cosa.



Supongo que no era amor. Hoy la soledad se adhiere a las paredes de mi casa, de mi cuerpo. Quizá éramos todo lo que no la dejara entrar. ¿Te has parado a pensarlo? Quizá éramos una continua carrera a contratiempo, una huida infinita de nosotros mismos, siempre escapando de una guerra de añoranzas. Si todo eran límites, ¿cómo iba a darse el amor? No, el amor no nace en las espaldas, no respira en las palabras guardadas, no espera en cada puerta. No, el amor entra de golpe o no entra. ¿Qué sabemos nosotros de esto? A veces creo que estamos disminuidos, que nos falta alguna parte del corazón, o que sencillamente, vivimos aterrados. Qué pena. Nos esperaban todos los bosques, todos los ríos, nos esperaban las constelaciones y las chimeneas. Nos esperaban los perros y los hijos y los caminos. Ahora todo se degrada lentamente.  Tú allá, estrechando el laberinto cada vez más y yo acá, con mi ártico agrietándose. Pero no era amor, supongo. Era otra cosa que no puede comprenderse en una palabra. Que no puede cercarse, ni definirse. En definitiva, éramos algo que nunca sabremos.

viernes, 25 de diciembre de 2015

El ojo del huracán



A veces creo comprender
la mirada antigua de los perros salvajes
que vagan de noche por la habitación
por la espalda amada que respira tranquila
por unos versos desgastados
por mis cuatro esquinas

Entonces pienso otra vez en algo
que no tiene forma ni nombre
pero parece una piedra oscura
insertada en el corazón

El ojo del huracán donde todo está
extrañamente detenido

A veces reconozco la pequeña hoguera
de tus ojos escondidos en el tiempo
y los oigo crepitar en mitad del bosque
que ha nacido de pronto bajo las sábanas

No quiero decirlo pero
podría nombrar una a una
todas estas heridas

En lugar de eso me escondo y dejo
que el huracán pase por mi lado
y se lleve la noche contigo

Sólo así vuelve
mi corazón a su sitio.

domingo, 1 de noviembre de 2015

La noche de las cuatro lunas.



La noche es una pantalla,

una ciudad que murmura campos,

un abismo que late profundo y cercano.

Yo tomo aire en ese valle,

vuelo alto a lo desconocido:

sé que voy a caer.

Entonces se muestra el espíritu secreto

que crepita dentro de mi fuego.

Y, frente a un espejo sucio,

observo mi cabello rojo.

Mi cabello rojo.

¿Habéis visto alguna vez un demonio?

pregunto peinando mi tiempo.

Nadie responde, no hay nadie en esta latitud,

nadie en este raro espacio.

Es la noche de las cuatro lunas,

las esferas respiran sobre un mar plateado.

Tengo miedo de mí misma.

Tengo miedo de caer de nuevo.

Hay un gato dulce en mi regazo.

Sé que todo va a morirse, digo.

Pero no me escucha nadie.